Identidad

A veces pienso que no soy mexicano. No porque no quiera, sino por mis malos hábitos patrióticos. Soy un pinche hipster tarareando el himno nacional mientras escucho a Metallica, Green Day u Oasis, mientras admiro la belleza de la bandera, sus colores, su escudo, la tersura de su material...

Creo que tengo un orgasmo.

Ah, pero eso si, que no toquen a la Virgencita de Guadalupe porque esa si la respeto. Es mi ícono. Es mi ilusión. Es mi fé.

Ah, la fé. Esa cosa de la que carecemos a diario, de esa que nos hace falta para levantarnos cada mañana y decir: 'hoy será un buen día', esa que debería colgar del mástil y a la que deberíamos cantarle el himno. Pero prefiero mandar un mensaje para recibir fotos de una diva muerta, llamar a La Academia para salvar a un pobre pendejo que sólo canta en el baño, pero que el poder mercadológico ha impuesto para sobrevalorar un valor (sic.) del que muchos carecen, de la intolerancia, del analfabetismo, de la poca cultura que nos caracteriza, del no poder comprar un libro porque prefiero gastarlo en pendejadas, del 'la letra con sangre entra' y demás pendejadas, corrupción, lamidas de botas...

Ahora bien, la cuestión es que no todo está perdido. Hay veces que podemos largarnos de mojados y encontrar el sueño americano, el sueño anhelado, la verdadera identidad, ir a los desfiles de los latinos con miles de indocumentados más que buscan lo mismo, esa es la doctrina del Tío Sam: Dólares, Cristina Saralegui, Don Francisco, Taco Bell, Elián, La Pequeña Habana, Paisanos, Salma Hayek, Poder Latino, Toyota, Coffe and Dona...

Ok, no...




A veces dudo, en todos los aspectos, de mi identidad. Quiero a un país. A éste país. Me encanta, aquí nací y he crecido. Me duele mucho lo que le pasa, y aunque a veces quiero largarme a otro lado, el sufrimiento y el masoquismo hacen que lo quiera más. Ésta bendita y maldita terquedad que hace decir: 'soy mexicano'.

¿O no?

Cheers...