"7" - Avaricia

- Tengo miedo.

No era para menos, aunque era demasiado tarde. El cuerpo de Antonio empezaba a contraerse mientras sus huesos sonaban como pedazos de carrizo quebrándose. Había desatado la ira del ser que había custodiado el tesoro de la Casa Grande durante 250 años.

- Tengo miedo. ¡Dios ayud...! - No podía dejar de repetir al momento que el dolor ya se volvía insoportable al paso de los segundos. Veía cómo sus pies iban recorriéndose a la altura de sus genitales, mientas que las manos habían ya desaparecido a la altura de sus axilas. Todo se volvía una masa sanguinolenta que iba comprimiéndose cada vez más.

Se le advirtió que todo tesoro tiene una consecuencia para el que se atreviera a profanarlo. Las consecuencias eran diversas, pero todas tenían un fin: el sufrimiento. Nunca la muerte, no se permitía eso. A éstas alturas, Luis ya debería haber deseado morir ante tal dolor. Sus ojos empezaron a secarse, y el cráneo empezaba a ceñirse junto con su cerebro. Para entonces, su corazón se había convertido en parte de esa pequeña masa de carne que parecía tener vida, como un pequeño feto.

El dolor seguía, y seguiría hasta que alguien con la misma avaricia que él cediera ante el encanto del oro. Y los demonios seguirían esperando otros 250 años, antes de que alguien volviera entrar a ese sitio.



Cheers...

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