Reboot

¿Por qué escribir hasta ahora?

Bueno, básicamente porque hay unos hijos de la chingada que están haciendo un chingo de ruido y no me dejan dormir. Y bueh, también porque ya tenía -de alguna manera -la nece(si)dad de hacerlo.

En sí, han pasado muchas cosas desde la última vez que escribí *suena 'Whatever' de fondo*.

Y bien, he pasado de aquí para allá, creciendo, digamos, intelectualmente, y cosa curiosa, ya no he cometido tantas pendejadas como antaño. Madurez, que le dicen. Sin embargo, los mismos pinches pensamientos culeros me abordan cuando el día no ha tenido los suficientes huevos para molerme. De esas noches (calurosas, también, ajá) que no dejan dormir, que chingan y chingan, haciendo que el tiempo se vuelva eterno, hasta por ahí de las 5, cuando por arte de magia, el tiempo se comprime, haciéndose chiquito, ínfimo, como una puta gota de lluvia que cae para perderse en cualquier charco donde un perro x se pone a mear, donde alguien x pisa y levanta un poco el pequeño manto acuífero, donde alguna partícula x cae para posarse ahí, inmóvil, impávida, como burlándose de ese mismo tiempo que tú has perdido en la mañana buscando el puto teléfono para darte cuenta que ya era hora de estar a medio camino, y que apenas te encuentras a medias para salir.

Tiempo x.

Un primo decía la otra vez: 'ya no te humilles'. ¿Humillarme? ¿Cómo? ¿Acaso exponer tus vivencias para que otros no la caguen es humillarse? Bueh, si alguien tiene autoridad para decir "no la vayas a cagar" soy yo. Es decir, he vivido tanta pendejada para... Chingada, pues hay que leer mis otros posts, ya no voy a caer en la misma cantaleta.

Backup.

Decía entonces que han pasado muchas cosas. La depresión ahí sigue. Los (¿las?) viejos fantasmas siguen ahí rondando, ya no tan fuertes como antes, pero sí quedan ahí, como jodiendo, como chispando, como interrumpiendo el sueño. Que me he distraído estudiando, creciendo 'intelectualmente', si. Que ahora he llegado a un lugar donde puedo explotar toda la experiencia, también. Y por eso, estoy contento. Pero soy parcialmente feliz. Y no sé, creo que todos los logros personales que uno tenga, nunca podrán compararse con los logros compartidos. Digo ¿cuáles putos logros compartidos? Exactamente. Cero. No hay. Y de unos años para acá, parece que no existieron, y ahí quedaron las viejas glorias, el viejo amor, el viejo deseo, el viejo ánimo. El viejo yo. El antiguo yo. El yo de antes. Ese que podía tener todo el puto optimismo del mundo con sólo ver unos ojos esperanzados. El que podía verse al espejo y salir a romper madres al mundo.

Madurez, que le dicen.

Ahora, salgo a especializarme, a romper madres de manera cauta y un poco más lenta, pero segura. Ya empieza a quitarse ese puto impulso que me invadía, que me hacía actuar de forma incoherente, que me hacía querer aprender, y que ahora, me hace querer enseñar. Antes de llegar al cuarto piso, existen las ganas de reinventarse. Y soy como un pinche mulo tirando de una carreta, la cual no me dejar avanzar como yo quisiera, pero supongo que así es la vida, hay que acarrear viejos pesos para hacerse más fuerte, y mientras avanzas, se van cayendo asimismo. Deshacerse de los viejos demonios, deshacerse de las viejas prácticas, deshacerse de uno mismo, del viejo uno mismo, de ese puto lastre que trae uno en el corazón, de ese que no deja dormir, de ese que no deja vivir.

De ese que no dejar amar.




Y es aquí que te preguntas sobre El Hubiera. Los Hubiera. La Hubiera. Dicen que El Hubiera no existe. Pendejos, claro que existe. Lo que no existe en ese caso es la indecisión. Y sí la inmadurez. La puta impulsividad. La puta incoherencia. El puto error. El puto desatino. Cómo me hubiera gustado atinarle. Cómo me hubiera gustado que fuera diferente. Cómo me hubiera gustado no haber sido ese yo. Ese puto yo. Ese pinche yo. Ese bendito yo. Y como me gustaría que no existieras tú. Si tu, la que me está siendo ser el actual yo. Sumido en un puto laberinto. A veces depresivo. A veces reflexivo. A veces tan pinche irreal. A veces tan culero. A veces lleno de ira. A veces lleno de lágrimas. A veces, claro, sin sueño.

Qué puto calor hace. Y estos cabrones que ya se callaron. Y al rato a huir a la rutina.

Ya ni la chingo.

La razón de lo incoherente

He esquivado muchas veces en la vida la responsabilidad. Desde el hecho de lo inevitable hasta lo más evidente que se me ha presentado en cuestión de razones. Lo he tratado de entender y aún así, salgo perdiendo. No sé cuánto he perdido tratando de buscar y buscar lo inexistente a ciertas acciones que se han salido de mi control. Siendo una persona que busca tener todo a su alrededor, ergo, una persona controladora, tal vez ahí la razón de mi frustración.

Ahora no vivo mal, no, tal vez sea la época más estable de mi vida, en materia sentimental. Sin embargo, hay una conexión que no he podido terminar, que no quiere terminar. De esas tercas sensaciones que no he podido evadir, mucho menos cortar. De esas que tienen una sensación no positiva y que acaban por destruir el ego. De esas que no es tan fácil decir 'ahí murió, ahí quedó'. De esas que rompen todos los esquemas. Y es que muchas veces en la vida, es difícil voltear y decir 'eso no valió la pena', porque sí lo valió. Y te niegas a morir, como el soldado en medio de la guerra queriendo salvar la vida. De esas batallas que sientes que pierdes, pero no por eso, la guerra termina.

La verdad: la extraño. Y es todo lo que tengo que decir, porque dar explicaciones rebuscadas a lo evidente es buscarle (sic.) tres pies a un gato. Ese gato que te azota todas las noches sin cesar y te dice 'ven, adelante'. Y tú te niegas, porque sabes que si vuelves a esa vorágine de emociones, simplemente destrozarás lo ya construido. Y no debes arriesgarte a saber si esa reconstrucción de vivencias puede acabar en algo bueno, o simplemente en algo que terminará por destruirte. Aunque sabes que si vuelves al reencuentro, lo disfrutarás como si fuera la última vez que respiras en La Tierra antes de que ésta estalle por un pinche meteorito que acabe con toda la vida. No saben cómo deseo a veces ese momento. Pero ella no.

Ah, qué la chingada conmigo, que no sé sacarme las espinas. Pinche y terco masoquismo.

Cheers...


Los mexicanos somos agachones y jodidos

Los medios de comunicación son, en su expresión más noble, un conjunto de herramientas para servir a la sociedad, informando y acreditando los hechos que en el acontecer diario suceden en el entorno en que vivimos, así como en la vida mundial. 

Un medio se degrada cuando hay intereses mediocres y carentes de cultura, así como de intelecto. 

Los mexicanos somos agachones: nos creemos el Teletón, nos gusta ver Sabadazo, queremos ver bailar a las estrellas de la farándula lo mismo que ver fantasmas chafas captados por lentes manipuladas. Somos esclavos de una televisión para jodidos. 

Queremos pan y circo. 

Quiero verle los senos a las vedettes que aparecen en las telenovelas y los shows en vivo, pero me indigna vérselos a una mujer que hace una protesta afuera de una institución de gobierno que, paradójicamente, se muestra en los noticieros de esas mismas cadenas de televisión barata y decadente.

Y ahora el colmo.

Ya desde antes, Celia Lora había experimentado el horror de ésa televisión (que terminó por tragársela e hizo caer su vida en el absurdo) que saca provecho de la desgracia. Nosotros los pobres, ustedes los ricos. Es la idiosincracia del mexicano: El chavo del ocho, Carlos Slim, Paquita la del Barrio, Jorge Kawaghi, La Vírgen de Guadalupe, el Himno Nacional.

Ni siquiera tenemos los derechos de autor de nuestro propio himno.

Cuando observé el vídeo de Feliciano ("Manuelito" como le llamaron en un principio), me indigné por el sólo hecho de ser abusado por un adulto. Después, el coraje me invadió al reflexionar y pensar que ese niño es víctima de un sistema gubernamental jodido que lo obliga a trabajar porque no hay para útiles escolares, pero sí para las grandes primas de los diputados de todos los niveles de gobierno. Los medios, efectivamente, fueron los que ayudaron a denunciar el hecho. Hasta ahí, cumplieron con su cometido: informar y denunciar para que se hiciera justicia. Sin precedentes, todas las instituciones (incluída la CNDH) se movieron para aprovechar la situación y situarse como 'los ángeles guardianes' de un pobre niño indígena. Enseguida se ofrecieron becas y ayudas. La misma Gaviota Presidencial abogó porque se diera seguimiento al caso.

Después, la decepción.

No me refiero a la Selección (de la cual escribiré en otra ocasión). Me refiero a que los medios se inclinaron por hacer de una tragedia todo un espectáculo. Ahora entiendo a los Tarahumaras, Tzotziles, Kiliwas, Purépechas, Mazahuas y a todas esas etnias que buscan persistir sin entrar en nuestro mundo jodido. Ahora entiendo su orgullo. Ahora entiendo su miedo de ser como nosotros. Y nosotros, que nos creemos lo Top of the Class, todavía los miramos con desprecio.

Estamos Jodidos, Mexicanos...

Fuente: http://www.proceso.com.mx/?p=348852