¿Trabajas o vales madre?

Desde hace un tiempo, he oído hablar sobre los Best Place to Work en México. Son empresas socialmente responsables, con un alto valor moral y competencia leal. Se distinguen por su sentido humanista hacia sus trabajadores.

Eso: el humanismo.

En los tiempos de la inquisición, de la edad media e incluso en la primera mitad del siglo XX, el esclavismo fue una gran comodidad para los señores feudales, los caciques y los grandes hacendados que buscaban la mano de obra barata. Vaya, entre comillas, porque la paga era la comida y un pedazo de rincón para que durmieran.

Así es, como en Estados Unidos, sólo que ahora lo disfrazan con dólares, pero la esencia es la misma: abusar.

Actualmente, parece que muchas empresas olvidan el sentido humanista y se dejan llevar por la avaricia y el poder. No se trata de hacer sindicatos ni uniones, ya que en estas mismas hay una gran corrupción, no. La idea está en las personas.

Pero ¿qué pasa con los medios? Bueno, los medios disfrazan los valores y la moral con el famoso ¿tienes el valor o te vale? a la par que pasan a Laura Bozzo o Rocío Sánchez exhibiendo la pobreza cultural de la que gozamos, pasando en las novelas situaciones de infidelidad o violencia intrafamiliar. Situaciones a las que estamos acostumbrados los mexicanos, y que por ende nos pasan desapercibidas. Si no hay sangre o tetas en la tele, las compañías que anuncian no venden. No hay rating. No hay dinero. Así es como funcionan los medios actualmente. Y disfrazamos todo con el Teletón o con goles con causa.

O con La Academia *prfff!!*

Hace días, leí que un camión de pasajeros se estrelló. Pensé "¿cómo jijos de la chingada no quieren que se estrelle si los choferes no descansan?" Para que lo sepan, las compañías de transporte de pasajeros tienen reglas tan estúpidas como inhumanas. Todo por cuidar la maquinaria. Un operador de transporte de pasajeros duerme, en promedio, tres horas diarias. Tres. Si no me creen, vayan con un operador en la central de autobuses y chequen sus ojos. Notarán una extraña sensación de vacío. Algo así como un zombi. Hacen todo de manera mecánica porque ya se saben las carreteras. Manejan a veces a altas velocidades no por llegar a la hora (que es una regla en las compañías) si no porque quieren dormir al menos 15 minutos antes de checar mil y un cosas en el camión (ellos lavan los camiones y revisan los motores). Y los que pagamos los platos rotos somos los que pagamos por éste servicio que, aunque es privado, es utilizado por millones de personas a diario. Ah, por cierto, si un operador se duerme (como fué el caso de la nota que leí) y provoca el accidente, la compañía de seguros y la propia se deslindan de todo y culpan al chofer (si sobrevive) haciéndolo el chivo expiatorio de todo. Y la Secretaría del Trabajo: bien, gracias.

¡Ah, la corrupción! ¡Bendita corrupción que nos amparas de noche y de día!

Yo la verdad, nada tengo que ver con ellos (los choferes), pero si me da una rabia y una impotencia enormes por nuestras bellas autoridades. Que lejos de apoyar a los trabajadores con la famosa Ley Federal del Trabajo (que muchas empresas utilizan regularmente como felpudos a la entrada de sus complejos) aplican la justicia para beneficiar a la gente que sólo busca chingar. Tampoco puedo satanizar a todas las empresas, ya que hay algunas que se distinguen por ese sentido humanista de las que tantas carecen.



Otro ejemplo es el de Héctor Suárez, cuya misiva enviada al mismísimo Emilio Azcárraga me provocó un asco. Por si no la han leído, pueden hacerlo aquí. El señor será como sea, pero de que es profesional, lo es. Tiene más en el negocio que el hijo de El Tigre y no se duda de su trayectoria. Lo más increíble es ver cómo en la estructura de las compañías, los mandos medios sólo transmiten sus versiones haciendo callar a lo más bajo de la pirámide para mantener su status. Es inverosímil que la libertad de expresión se corte desde lo más mínimo para no afectar la mediocridad humana de los que no trabajan.

Y si, otra vez, sólo buscan chingar.

Yo no voy a empezar a decir vamos a cambiar nuestra mentalidad, porque para eso, tendríamos que volver a nacer (casi, casi). Los valores que tenemos son los que tenemos y punto. No hay más. Sin embargo, el día que mis hijos me manden a un pinche internado porque resultaron ser unos hijos de la chingada, ese día pagaré todo lo que debo. Porque deben recordar que todo por servir, se acaba. El karma -como lo he dicho -es cabrón y no perdona. La cosa es ¿podrán soportar el castigo sin chillar?

Ya quiero ver a esos cabrones. Ojalá se lleven su pinche dinero a la tumba, y sobre todo, ojalá les sirva. Parece que sólo vienen al mundo a demostrar cuánto pueden chingar, como si eso fuera un trofeo.

Ah, qué encabronado estoy...

Cheers...

4 comentarios:

Anarquista Superestrella dijo...

A esto, agreguemos lo que pasó ayer con el accidente en la Puerta Santa Fé. Sin duda, el chofer y su empresa (igual de negligentes los dos) no tuvieron la precaución de checar los frenos del camión que provocó una tragedia al provocar la muerte de una mujer.

Pero somos el país de ahogado el niño, a tapar el pozo.

Caraxo!!

Cheers...

Galaxia dijo...

Soy tu fans!

la MaLquEridA dijo...

Ayer leía precisamente una nota donde decían que los medios manipulan a la gente y no la dejan que crezca culturalmente y estoy de acuerdo con ello, nada más hay que ver la mediocridad de programas y noticieros.


Las empresas del transporte público son otra forma de enseñarnos como se vive la corrupción en México, y quien paga los platos rotos en los accidentes.


saludos Mau.

Anarquista Superestrella dijo...

Desgraciadamente nos gusta ver La Voz: México, La Academia, Dos Hogares y La Rosa de Guadalupe.

En vez de llegar a ver la televisión, deberíamos llegar a leer un libro, a hacer el aseo. Creemos que llegamos cansados del trabajo y nos echamos cual viles mancebos.

En fin, mi querida Malquerida, así nos la gastamos. Imagínate, si nos corrompemos así nosotros mismos, mucho más fácil se nos hace corromper a otros.

¿O no?

Ash...

Cheers...