La pieza fría

La venganza es un plato que se sirve frío.
-Viejo proverbio Klingon

Me sorprende tener encima un montón de situaciones difíciles de resolver. Problemas pues. Antes, supongo, la vida no era tan complicada. Era lo que los viejos decían: "antes, lo que ahorita me cuesta 20 pesos, me costaba 20 centavos". Si, antes no había el desmadre que hay ahora, anciano. No había Zetas, ni mantras, ni Star Wars, ni CR7... Ni Justin Bieber...

Odio a ese morro...

Anyway...

Nada como ver estúpidas caricaturas on-line españolas-catalanas de futbol y gente que disfruta verlas. No podría confiar en gente que se la pasa divagando con querer ser español y es más frijol que...

No es que los españoles no sean cool, lo son, en alguna medida. Las españolas, ni hablar. Las argentinas también. Las francesas. Las italianas. Hey, que me he salido del tema y no he llegado a donde ocupo. Pues bien. La idea es esta, la lluvia de problemas que tengo ultimamente es gracias a mi pinche necedad de no ceder -jojo -en gran parte porque ya no confío en las mujeres. Si confío en mujer. Vaya, es una gran incoherencia (por eso les gusta venir, no se hagan) pero es cierto, no podría confiar en alguna otra mujer. He tomado una actitud bastante defensiva en contra de ellas. Bastante cautelosa. No es que me esté haciendo mandil, digo, eso es como el plus. La cosa es, que a medida que les abres las puertas de tu amistad (o pseudo-amistad) te empiezan a jalar de lo que puedan tomarse.

No todas son así. Sólo algunas. Las sabes distinguir. Y no sólo las mujeres, las personas en general. Aprendes a tomar distancias, a saber cuando caes bien y cuando caes mal. Mi capacidad para hacer amistad es -relativamente -limitada. Soy como esos vídeos de hacer zumba que hacen las personas traumadas con su peso: todos quieren verlo, más no hacerlo. En mi caso, todos quieren algo de mí, pero no quieren saber nada de mí. Y mi problema más fuerte es que yo no hago caso de esa gente.

Dah!




Lo mitómano, lo cabrón, lo hijoputa, bueh... No se quita, sin embargo, tengo una promesa que cumplir. Es una cuestión de amor propio. De aquí hasta el final de mis días, porque no hay una cuarta vez. Sin embargo, como buen mitómano, sé distinguir cuando alguien está chingando. Si nos vamos a chingar, vamos a ver de qué cuero salen más correas. Conste que no quería, pero cuando empiezan a afectar tu cotidianeidad, debes poner un alto. Ja, qué rudo. No me refiero a la cotidianeidad de chingar gente. No, es simplemente decir "basta". No te ilusiones.

No tengo intenciones de adelantar tu -inevitable -partida...

Cheers...

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